Ciertamente la librea es la clave. Cada una de las manchas, rayas o puntos que salpican la piel del lucio son su señal de identidad única e irrepetible. No hay dos lucios con las mismas manchas en su piel, de la misma forma que no hay dos personas con las mismas huellas dactilares, e incluso las manchas cambian de un flanco al otro dentro del mismo pez.
Para identificar a un supuesto pez recapturado, en primer lugar, el pescador ha de tener la sospecha de que lo es. El carácter sedentario y territorial del lucio hace que se mueva entre una serie de apostaderos diferentes, no muy distantes unos de otros, dentro la que el considera su zona de caza. Si en una récula nos topamos con un buen ejemplar, es casi seguro que en esa misma récula volvamos a pescarlo antes o después, suponiendo que no se lo lleve nadie, nuestra torpeza al manipularlo acabe con su vida, o por factores, como la disponibilidad de alimento, o los movimientos estacionales, este cambie su situación.